Mi primer toque punk

Recuerdo que antes de salir del cuarto, tenía mi mano tocando la manilla de la puerta. Estaba pensando qué coba meterle a mi mamá para ir a aquel toque de Punk. La cosa era jugosa: tenía 14 años, Reciclaje -Banda de Punk Rock- se montaba y en ese entonces yo coreaba frente al equipo de sonido todas sus canciones; recuerdo que el CD tiene por nombre ¿Cuál Futuro?; sé que al escucharlo nuevamente, reviviría todos esos momentos de adolescente dizque rebelde.

Ahora me devuelvo a la escena de mis dedos tímidos ligados a la excusa perfecta para poder ir al evento. Lo primero que se me pasó por la cabeza fue lo más típico del planeta: ¡Ma! Haré un trabajo en casa de fulano. ¡Qué va! No estudiaba porque era muy de malote, tanto que tenía que inventar historias para ir a tripear. Tomé suficiente aliento y abrí esa puerta, dije que iba a un toque Punk, es decir, no pedí permiso; solo avisé.

Agarré los pantalones más feos que tenía en mi closet y fui a casa de mis amigos también muy malotes quienes estaban comiendo las arepas hechas por sus mamás para luego irse de farra. Lo veíamos como un trabajo, es decir, ir era una obligación factible y ejercer un rol era vital: Ser Punk. ¿Cómo veía el punk? ¿Qué concepción tenía? Una errada. Bien, ahora me dedico a escribir estas letras para burlarme de mi y de los que son o fueron como yo, es bueno reírse un poco, eso sí, cuando es algo donde no hayas hecho daño a nadie.  

El sitio

Nos montamos en el autobús, estaba nervioso: ¡mi primer toque! No sabía cómo era la cosa, solo tenía ideas ajenas. Era la hora de saber sobre ese mundo, La incertidumbre fue inherente en ese momento. Mi amigo me preguntó: ¿Vas por Reciclaje o para saber cómo es la movida?, Yo respondí que la banda me gustaba bastante pero le confesé que me importaba conocer el entorno.

Él me dijo que pensó exactamente lo mismo. Los otros muchachos que andaban conmigo ya eran todos unos experimentados, unos verdugos. Ya sus madres se acostumbraron a darles sus arepitas antes de irse a trabajar -ir a toques Punk-. Desde la ventana del bus observé la plaza Montes de Oca, lugar donde viviría mi primera experiencia, pedimos la parada en medio de las cornetas ambulantes de aquella avenida y entramos al sitio. Al andar, contemplé decenas de crestas. ¡Estaba en el paraíso! Me sentía en mi ambiente.

Como buen niño tímido, me limitaba a no hablar y solo a observar. Veía todo en cámara lenta; siempre me ha gustado estudiar el comportamiento de los demás e incluso hasta imaginar historias con tan solo dirigir mis ojos hacia ellos. Por ejemplo, vi a una muchacha de unos 17 años, tenía un porro en sus percudidos dedos; lo fumaba con mucho ímpetu. A su alrededor: 2 sujetos de aproximadamente 30 años. No los conocía, pero me gustó la idea de imaginar que estaban incitándola para luego penetrarla en algún hotel barato y que su cara de niña pasaría desapercibida ante una recepcionista frustrada.    

Palo de agua

Mientras me hundía en una de esas historias ficticias, vi hacia el cielo y unas gotas de lluvia arroparon mi cabeza. Pensé que cancelarían el toque. Lo cierto es que no le paré al agua, a raíz de ello quedé envuelto en un hedor que ni yo mismo resistía. Nunca había olido tal cosa, era tan fuerte que aún lo recuerdo. Mis amigos se alejaban de mí mientras se tapaban sus narices; no los culpo. Uno de ellos me prestó su pantalón y franela, Al probarme la ropa noté que el pantalón era muy grande para mi flacuchento cuerpo; entonces le pedí su correa; este accede. La lluvia imprudente cesó.

Por lo tanto, el toque seguía en pie. ¡Todos a seguir con los disfraces! Mis amigos y yo nos quedamos en el medio de todo ese despelote, así demostrábamos Verdaderamente nuestra maldad y rudeza. Recuerdo que recibí un sinfín de golpes, lo disfrutaba. Eran desconocidos que me pegaban sin causa alguna, era una deliberación vociferada. Yo devolvía la acción y así se transformó en un ciclo uniforme, un baile violento entre jóvenes.  

Un tipo no serio

Terminó el primer tema, detrás de mi siento una pesada mirada. Resulta ser un tipo treintón cuyo porte me intimidó, media uno 2 metros o quizás por mi tamaño de aquel entonces, lo vi como un cíclope. Una cresta y chaqueta de cuero formaban parte de su estética. Me dice: La correa que cargas es mía.

Recordé que era la de mi amigo. El sujeto amenazó con apuñalarme mientras  la banda tocaba la segunda canción y el baile violento empezó a tener su forma tan ancha y vehemente. Ignoré al chamo y seguí dando patadas al vacío a quien no conociera -así son las cosas en esos momentos-. Claro, si te caes, siempre habrá alguien que te levante. Eso lo comprobé aquel mismo momento, me caigo y una mano fuerte me toma de la franela. Resulta que es el tipo que me amenazo.

Me dice: ¡dame la correa, esa mierda es mía! Al lado lo acompañó una muchacha regordeta, no sé por qué al verla sentí calidez y pensé que diría algo como “déjalo en paz, es un carajito”. Entonces cometí la estupidez de decirle: Dile al chamo que se quede tranquilo, esta correa es de un amigo. Resulta que la bofe esa también me amenazó con un cuchillo más grande que yo mismo. No tuve otra opción que dársela. Una vez más el pantalón volvió a caerse, tenía que recogerlo, eso implicaba recibir más coñazos en el pogo.  

No le paré bolas

Reciclaje iba por el cuarto tema, uno que me gusta bastante por cierto. Ya estaba aburrido de lo mismo, es decir, me cansé de ver a todo el mundo darse coñazos en el llamado, entonces recordé una presentación en vivo de los Sex Pistols llamado “Anarchy in the UK”. En el video aparece un público que veía tocar a esta banda inglesa, allí hay un par de muchachos o muchachas -sus pintas me hacían dudar sus sexualidades- que estaban ahorcándose, al parecer lo disfrutaban.

Al caer de nuevo en el toque de Reciclaje, vi a los demás y me di cuenta que no hacían los mismos movimientos medio sadomasoquistas del video. Mi amigo me dice lo mismo: Estoy ladillado, hagamos algo diferente. Le comento: Como en el video de los Sex Pistols, él asintió. Así fue, nos ahorcamos, nos golpeamos, nos sentíamos en la cúspide de la rebeldía misma.

Pisábamos al mundo a través de nuestras manos sofocantes; nadie hacia lo mismo. Recordábamos lo que nos hacía molestar y descargamos todo con nuestras fuerzas hasta casi desmayarnos. De esa manera perduramos hasta el final del toque, Reciclaje estuvo muy pulcro en cuanto a su ejecución musical. Tocaron todas las canciones que me sabía.

Eran las 12:00 de la noche y llegué a mi casa. Resultados: Hediondo a perro mojado, pútrido, mejor dicho. Múltiples dolores en el cuerpo, moretones y la boca rota. A mi fiel amigo le rompieron la quijada, aún tiene la cicatriz.

En aquel entonces sentí que cumplí el trabajo: fui al toque e hice lo que hice porque así pensaba que era el Punk. A pesar que me robaran la correa, caminara sin zapatos y anduviera con el pantalón por las rodillas, disfruté mi primera experiencia en un toque de Punk, con el pasar del tiempo me di cuenta de muchas cosas, algunas erradas y otras correctas. Lo cierto es que en un evento de estos  en Valencia, puede pasar de todo. Lo mío fue una estupidez y como digna que debe ser, merece una burla a través de estas letras.