En la puerta de los Belisario

Los Belisario era la familia menos unida que pudiese existir. Eso lo sabe hasta el gato de la cuadra, el animal una vez dejó de lamer sus patas para contemplar el enorme tamaño de la casa de corte colonial donde ellos vivían.

Auxiliadora era la mediadora. El significado de su vida fue la de servirle a los demás, incluso a su inútil familia. Desde pequeña se levantaba temprano para cocinar y limpiar la casa que la encerraría toda su vida sin ella darse cuenta. Aún a sus 60 años no cambiaba de rutina.

Esperanza, de 50 años, padecía de una enfermedad mental que ellos nunca habían tenido la bondad de combatir. Solo se conformaban con llamarla loca. Los rumores de las esquinas dicen que ella perdió a su hijo único cuando lo llevó junto a unos amigos a un río y detuvo el intercambio de besos con alguien para ver cómo el pequeño de 3 años se ahogara.

Corea del Norte y Corea del sur eran unos morochos que nacieron en el año que terminara la guerra entre los dos países, así que el padre de estos niños, amante de la historia universal, quiso rendir honor por motivos que solo él entendía. La pareja de hermanos se odiaban a sus 61años. Solo la artritis servía de tregua para sus peleas constantes que ni la sobrina Auxiliadora podía calmar.

Por último, Ángel, que de serafín no tenía nada, era el hijo único de Auxiliadora. Su gordura oscurecía la habitación en la que permanecía día y noche. Desde pequeño acostumbraba recibir las tres comidas en la cama y una que otra vez le tiraba el plato a su mamá por tener poca mayonesa.

Cuentan los vecinos que un día esta familia recibió la visita de alguien para nada normal. Su esquelética mano tocó tres veces a la puerta. Auxiliadora le abrió y este dijo: He venido para decirles que uno de su familia, incluyéndola, morirá dentro de tres horas pero hoy he decidido que ustedes mismos tienen autonomía en elegir a quién vendrá conmigo, déjeme presentarme, soy la muerte en traje gris.

Auxiliadora miró una luz que alumbró la boca del hombre, con esto se pudo dar cuenta que era la misma muerte en persona quien le había hablado, así que cerró la puerta para contarle a su familia que debían elegir entre ellos alguno que moriría dentro de tres horas.

Pasó el tiempo que la muerte en traje gris les había dado y tocó la puerta. Ningún mortal salió pero sí las almas de los Belisario quienes caminaban tomadas de la mano.