Protección animal: un estilo de vida

“Desde que tengo uso de razón hago lo que hago”

Una muchacha sostiene su cabello negro con unos lentes, se los quita para abrir la puerta del porche de la casa de sus abuelos, mientras gira las llaves, dice que murieron, al entrar, una perra mueve su cola más rápido que un limpiaparabrisas, salta sobre su eje para demostrar cariño y afecto a esa joven, quien, en unos segundos, estaría dispuesta a brindar una entrevista.

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Su nombre es Vanessa Herrera, abogada de 22 años que agradece a Dios por el don que le encomendó. Pues desde los doce, se ha encargado de rescatar perros y gatos en situación de calle sin importar el estado en que se encuentren o el lugar donde los halle. Actualmente tiene bajo su responsabilidad 20 animales -17 perros y 3 gatos-. “Napoleón fue el primero, fue un 24 de diciembre, siempre voy a recordarlo, él tiene 10 años y aún se encuentra con nosotros”, dice mientras sus cachetes se ruborizan.

Vanessa, a sus 12 años, rescató al primer perro, lo nombró Napoleón y actualmente vive con ella.

Vanessa, a sus 12 años, rescató al primer perro, lo nombró Napoleón y actualmente vive con él.

Vanessa vive en la urbanización Fundación Mendoza al sur de Valencia junto a sus padres, quienes la apoyan incondicionalmente en lo que hace. Desde temprana edad, los miembros de su familia estimularon el afecto hacia los animales gracias al entorno en el que se encontraba, como su casa repleta de mascotas o la finca de su abuelo. “Desde que tengo uso de razón hago lo que hago”, asegura.

La casa de sus abuelos denota empatía hacia los animales.

La casa de sus abuelos denota empatía hacia los animales.

Ella trabaja como voluntaria en un grupo sin fines de lucro que tiene por nombre Fundación Segunda Oportunidad. Sus miembros, rescatan al animal a través del reporte de algún vecino, lo hospitalizan y luego lo dan en adopción, un procedimiento paulatino.

Explicarlo de esa manera puede que parezca fácil, pero esos tres pasos son escalones gigantescos, cada uno es difícil de superar. Sin embargo lo que aligera un poco el peso del problema es el convenio que tienen con la clínica veterinaria Distribuidora Súper + Kotas, ubicada en la Av. Michelena. El centro médico les brinda descuentos considerables comparados a otros lugares de misma naturaleza.

“Son condescendientes con los pagos, pero igual hay que cumplir”, explica Herrera, después de ver la pantalla de su celular, atiende una llamada, es un familiar, piensa que era un caso, así los llama. “Mi celular está encendido las 24 horas del día y recibo mensajes y llamadas en todo momento”. Su pasión por los animales supera el cansancio.

Inconsciencia en su comunidad

“En la urbanización son muy pocas las personas que tienen amor hacia los animales”

A pesar de tener el respaldo de la familia, Vanessa en tono serio, dice que algunos miembros de la comunidad no les agrada la idea de tener cerca la presencia de tantos perros y gatos. “Mucha gente no está de acuerdo, más bien se quejan, critican, tratan de envenenar a los animales, una vecina intentó matar a 30 gaticos”, es su peor experiencia.

Debido a este incidente tuvo que retirarse de la cuadra para irse a otra dentro de la misma urbanización. En la nueva casa, la condescendencia por parte de los vecinos es mayoritaria. “Aún así existen personas que se encargan de hacer daño”, lo dice para referirse al improvisado cementerio de animales que han creado en plena plaza de la comunidad. “Al caminar por allí, veía perros, gatos, gallinas y hasta conejos muertos. Llevé una carta al consejo comunal y la alcaldía limpió el lugar”.

El día a día es lo que importa

“Algunas personas creen que ayudan con solo reportar casos”

El canto de los pájaros es tan fuerte que debe repetir lo que dice, la casa de sus abuelos denota naturaleza. En ese momento, Vanessa comenta que ha tenido problemas con varias personas cuando se trata de rescatar, debido a que “se lavan las manos” con tan solo reportar los casos. “Al final prometen que ayudarán, pero a los tres días olvidan al animal. Algunas veces te salen con patadas y groserías para que tú te hagas cargo”, lamenta.

Aunque tenga las mejores intenciones, no siempre puede hacer cuanto quiere. En la fundación donde trabaja no reciben donaciones de entes gubernamentales ni privados, por lo que tiene que costear personalmente cada uno de los tratamientos veterinarios, además de la posterior recuperación. “No importa lo que pase, los animales van a tener su comida, agua y medicamentos, porque esa es la prioridad”, sentencia. Esto lo hace a pesar de que sus únicos ingresos materiales provengan de los honorarios profesionales que recibe como abogada independiente. Pero su lucha sigue.

Con Athena, una perra de avanzada edad que fue rescatada hace un mes

Con Athena, una perra de avanzada edad que fue rescatada hace un mes

Hasta el momento, 12 de los muchos perros que ha rescatado de la calle viven entre su casa y un garaje que alquiló para brindarles comodidad, porque no tuvo más opción que adoptarlos. “No tengo corazón para abandonarlos ni me duele gastar dinero en ellos, todo lo contrario, me llena”. Por esta posición firme muchos la catalogan como loca, pero sabe que en lo que invierte la mayoría de su tiempo es una causa justa.

Sueña con el día en que ni un solo animal esté desprotegido, por lo que siempre llama a la conciencia ciudadana, pues cree que es la única manera de acabar con los abusos en contra de los más indefensos. “La cultura de la conciencia a favor de los animales se crea mostrando la realidad que viven, tal cual es”, insiste. Por lo que los peores casos que ha encontrado, como perros mutilados e infectados con larvas, los fotografía y sube a la página de Facebook de la Fundación Segunda Oportunidad.

Las llaves resuenan entre sus dedos, pues la corneta de un taxi la llama frente de su casa, es hora de irse. Se levanta con un gesto amable y tibio para despedirse mientras apacigua mediante cariños, a la perra que mueve su cola como un limpiaparabrisas. Un mínimo gesto que solo ellas conocen, más que una mascota y una humana, representan la convivencia pacífica entre dos especies diferentes.